Soñando hasta la eternidad…

 

Cementerio de los Vencidos           En la base del Cerro Aconcagua, Mendoza, Argentina

 

Para llegar a ese lugar, había viajado 1200 km. con mi perro Pancho.

Llegando …

Ya lo veía, estaba cerca, me aproximaba, solo debía salir  de la ruta asfaltada y recorrer unos 100 metros por un camino de tierra y piedra. Llevaba en mis espaldas el dolor producto de horas de manejo, por tan sinuoso y peligroso camino. Detuve la camioneta   pare el motor, baje, caminé tan solo un metro y empecé a sentir el viento frío que golpeaba todo mi cuerpo, como si me empujara diciéndome, tú quien eres, no puedes estar aquí, deja que estas mujeres y estos hombres descansen en paz. Pero yo no..- no podía irme, quería quizás rendir un homenaje solitario, simple pero un homenaje al fin.

Me senté sobre una  roca, como si quisiera pedir permiso antes de entrar a ese lugar.

Mientras pasaban los minutos y gozaba con la vista del lugar, por todos lados belleza, marrones, blancos, rojos, grises por donde veía, diferentes eran los colores. Sus piedras como pintadas en una postal.

Me incorporé, ya tenía fuerzas, comencé a caminar lentamente, mirando las  cruces, lapidas pequeñas, sencillas, nada de lujo, erosionadas por el viento, lluvia y la nieve, por los años, también por el abandono de la gente, de sus seres más queridos. Había  nombres de distintos orígenes, alemanes, ingleses, polacos, americanos, de todos lados. Era como una torre de babel,  distintos idiomas tenían, esas escrituras  marcaban un tiempo, un comienzo y un fin. Cada una tenía un dueño o dueña.

Todos  estos andinistas habían llegado al cerro Aconcagua, desde los lugares más lejanos, en diferentes épocas, fechas, pero todos desearon cumplir con la misma meta.  

Todos ellos habían tenido quizás el mismo sueño. Ese sueño que los trajo a este lugar, inhóspito, frío, desafiante, intolerante, mágico. Ellos no imaginaban en sus sueños este final, siempre imaginaron llegar a la cima, tocar el cielo con las manos.

La montaña esbelta allí estaba, como mirando este lugar, como cuidándolos a ellos, que no pudieron con ella. Vencidos estaban..

El viento continuaba silbando, una canción triste, las nubes se desplazaban por el cielo como nerviosas, dibujando figuras mágicas, ellas también  presentes estaban.

Mientras tanto, Pancho correteaba y se desplazaba  a gran velocidad, quizás ese paisaje y lugar le transmitían una energía, que yo también la sentía, en todo mi ser.

De pronto, observo a Pancho correr hasta el otro lado de este lugar.-Mi vista lo pierde.- Empiezo a caminar para llegar hasta donde él podía estar…. Y de pronto observo a lo lejos que Pancho se arrimaba con lentitud… a un señor, que se encontraba sentado, pero de espalda a mi.- Curiosidad tuve que me llevo hasta este Sr… Pancho ya estaba como si fuera un viejo amigo de él.–  Me arrime.- Hola.- Se dio vuelta.- Buenas tardes me respondió en español, con un acento germano.- Que tal mi nombre es C..- Yo me llamo Franz.- Ud. Vive en la Argentina.- No hijo.- Yo soy de Alemania, vivo actualmente en pueblo en la zona de los Alpes de Baviera.- ¿Que hace por aquí?- Mira hijo, he venido desde muy lejos a visitar la tumba de mi hermano Hans.-¿Tú qué haces por aquí?- Yo también he venido a visitar este lugar, pero no tengo a nadie, es quizás un homenaje anónimo.-Un sueño que abrazaba, pues vine, estoy aquí,.

Sr. Perdón……., ¿Su hermano murió hace mucho?.- Mira, mi hermano murió intentando escalar a esta montaña en el año 1960, desde pequeño él hacia alpinismo en la zona donde vivíamos, él siempre decía si pude aquí, podré escalar más alto, quizás pueda llegar a escalar en Sudamérica, una montaña llamada Aconcagua.

 Fue así que se entrenaba, con toda su fuerza, su coraje, hasta se pasaba noches durmiendo en la montaña, para acostumbrar su cuerpo a estar en el frío más cruel.

Recuerdo que Hans, me hablaba y me mostraba una foto que tenia él de este lugar en Mendoza. El quería, deseaba, lo atormentaba, pues lo único que pretendía  era llegar a la cima. Pero no pudo, ella… o esa montaña lo venció. Quemo su sueño, como se quema un pequeño  papel  e encendido en el aire.

¿Que le paso Sr. Franz? Te cuento, cuando llego a los 5.200 metros, empezó a descompensarse y murió por un edema de pulmón. (La falta de oxígeno en esa altura puede ser causante de muerte).

 Pues eso me dijeron sus compañeros de aquella época. Ellos mismos, cuando murió, lo bajaron de la montaña arriesgando su vida y decidieron enterrarlo aquí, para que descanse en paz para siempre. (Esa es una tradición tanto en alpinistas como en andinistas, nadie deja a su compañero muerto, pero nunca, aunque él también muera en el rescate.)

Mientras tanto yo pensaba a mil por hora, sueños como tantos que tuvieron los que están aquí,. Le dije lo siento.- Pero quédese tranquilo muchos se mueren en la vida y no fueron capases de perseguir un sueño, fueron cobardes y viven, después morirán con una deuda pendiente en sus vidas y con ellos mismos.

Yo mientras tanto saque de mi campera un paquete de cigarrillos y lo convidé, pero él me dijo.- No gracias deje de fumar hace bastante tiempo. Encendí  mi cigarrillo y curioso le pregunte,. Sr. ¿Cómo es que habla nuestra lengua?.- Mira el destino a veces nos deja en un lugar o veces nos lleva a otro lugar del mundo,  yo trabajaba en una empresa en mi país, que había fundado una filial aquí en la Argentina, un día me dijeron que habría una posibilidad de venir a trabajar a este país por un año. Lo pensé y no dude en aceptar el traslado.

Por ello conozco bien a tu país, después de unos años regrese, aquí estoy en este maravilloso lugar, quizás algún día me radique  y muera aquí, solo Dios lo sabe.

El tiempo había pasado velozmente, ninguno se había percatado de ello, como viejos amigos, nos saludamos y yo le tire  un abrazo, pues los dos merecíamos juntar fuerzas en tan sagrado lugar. Recorrimos en silencio todo el contorno, hasta que de pronto, Franz me dijo, hijo, ha sido un gusto conocerte.- Para mí  también fue un placer.-

Nos saludamos y cada uno camino hacia su vehículo, Pancho, como siempre jugueteando por detrás mío.

Ya había cumplido  mi sueño, visitar al Cementerio de los Vencidos, había llegado, sentí en mi corazón una angustia, quizás una pena, pero alegría, porque había visitado un lugar, con historia escrita por hombres que tuvieron un sueño y dieron su aliento, su vida por llevarlo a cabo, el último… No pudieron… Quizás sus almas, todas ellas por las noches se reúnan alrededor de una hoguera mágica donde se desprende un calor imaginario…, ellas ahora hablan un mismo idioma…, quizás esas “almas”  siguen soñando hasta la eternidad…

Cruz del Sur

 

8 Respuestas a “Soñando hasta la eternidad…

  1. Sos especial, ché. No conozco a nadie en esta vida que se le ocurra ir a presentarle sus respetos a los vencidos de la montaña. A lo mejor sí, pero yo no creo que sigan ahí cuidando los huesitos al sol. Seguro que hace años que están intentando escalar el Everest o quizá el mismo Aconcagua otra vez…. u otro tipo de montaña inexpugnable, como el amor. 🙂

  2. M. si bien, no tengo a nadie, allí…, pasar es algo que te llena el alma… Muchos pasan de largo para Penitentes, enloquecidos para llegar esquiar.
    No cuesta nada hay más tiempo que vida…, cuando vayas a Chile desde Mendoza, no te lo pierdas¡¡¡
    Montañas una especialidad de tu gente¡¡

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s