Corazón Sencillo

 

Corazón sencillo, pero muy grande.

Esta historia comienza así: 

Río Grande, Isla de Tierra del fuego.

Base de operaciones de CIA de Servicios Magoil.

Todas las mañanas yo llegaba temprano para comenzar la actividad en la base de operaciones. Allí me reunía con mis colaboradores para llevar a cabo el programa de reparación y perforación de pozos.

Un día como tantos llego a la base un Señor de aproximadamente 58 años, vestido en forma sencilla, pero bien arreglado, impecable. Su deseo era saber  si existía alguna posibilidad para trabajar en nuestra empresa.

Como es habitual sus datos y antecedentes quedaron registrados en la oficina de personal.

En ese momento los equipos de perforación de petróleo trabajaban un yacimiento que estaba en el norte de la Isla llamado Cullen, a unos aproximadamente 150 Km. de Río Grande.

Pasaron unos días…

Las cosas a veces se dan o no, suceden…, para la suerte de este Señor había surgido  una oportunidad para cubrir un puesto de trabajo, pues debíamos tener una persona que se encargara de realizar tareas administrativas en la zona operativa en la proximidad del equipo de perforación y el pozo de petróleo.

Allí estaba la ficha de un tal Francisco Càrcamo, chileno, trabajos anteriores, escribiente u oficinista en su país, había llegado de una localidad llamada Castro, recuerdo el nombre de ese lugar, como si fuera hoy.

En definitiva, lo llamaron esa tarde y él se presento inmediatamente.

Lo entreviste para conocerlo un poco más, mientras tanto él me relato su historia, quizás triste, pues debió dejar su tierra para buscar nuevos horizontes.

Pero su suerte o destino cambiaria…

Comenzó a trabajar con nosotros, en pocos días era uno más entre todos…

Los días pasaron, las semanas…, pasaron dos meses.

Un día  yo debía realizar  una ronda de inspección en el equipo, fue en esos momentos que Don Cárcamo se acerca y me dice:  Don Carlos este sábado a la tarde lo invito a tomar un te en mi casa. (Él tenía conocimiento que yo vivía solo en la isla)

Era tan bueno ese hombre que no resistí a su invitación.  Otra persona quizás hubiese desistido. La invitación estaba aceptada…

Ese sábado me subí a la camioneta y fui a la casa de Francisco ubicada a orillas del Río Grande, pequeña, sencilla, de madera.

Cuando entre  el aroma a pan casero se había adueñado de ese lugar, todo bien puesto, mantel blanco, servilletas, tazas sencillas pero bien limpias. Mirando así de reojo se podía apreciar unas cortinas blancas como nieve.

“Panecillos caseros y tampoco falto la mantequilla y mermelada casera”.

Él me había mostrado la grandeza de su corazón, la sencillez, la amabilidad. Haciéndome sentir como un viejo amigo de toda la vida.

Fue así que no fue la única vez que visite a ese gran hombre…

Los tiempos corrieron y  los destinos  cambiaron…, así como a veces cambia el camino de la vida…

¿Vaya a saber dónde está hoy?¿Por los caminos que andará? “Don Francisco Cárcamo” un hombre de corazón sencillo…

6 Respuestas a “Corazón Sencillo

  1. Un pequeño instante que deja huella… ¿Podríamos decir que en esos “insignificantes” momentos está la felicidad?
    Es una pena que hayas perdido la relación con esa persona pero, ¿quién sabe? quizá muy pronto volváis a estar tomando té.
    Un abrazo!

  2. Un detalle, que puede parecer pequeño, pero que es grande.

    La iniciativa de ofrecer un momento de atención, la amistad, por el simple hecho de compartir, es algo que siempre se agradece y se recuerda de corazón.

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