Tres Cerros, tres destinos…

Un pueblo llamado Tres cerros en la Patagonia…

Una historia, tres personas, tres destinos…

¡Hola, Dolores! – ¡Hola, Facundo!

Dolores, una muchacha de veintitrés años, vivía  con su padrastro en la hostería que regenteaba él en ese pueblo de tan solo cuarenta habitantes, un poblado perdido en el tiempo, lejano a todo… Pero cerca de una zona petrolera de gran producción y con muchas reservas.

Facundo un ingeniero en petróleo, llegaba todas las tardes a la hostería después de trabajar  en los pozos de petróleo y luego de haber  transitado por los caminos  más inhóspitos de piedra y tierra entre cerros, arbustos, ovejas y estancias patagónicas.

En veintitrés años Dolores había sufrido. Su madre ya muerta la bautizó con ese nombre luego de nacer, como si hubiese querido marcar su destino. Su padre había muerto cuando ella era pequeña.

Su padrastro un hombre de sesenta años, era rudo, tosco, de voz gruesa, alcohólico, con barba desprolija y lo más grave de todas sus falencias y carencias…, Él…, ¡Era golpeador y abusador!

Los días transcurrían… en un tiempo…, en una primavera…

Eran la 6 am, Facundo se encontraba en una mesa, en ese sitio donde él y los huéspedes podían desayunar .  

De pronto aparece Dolores – ¡Hola Facundo! – ¡Hola Dolores! –  Facundo  mira a la muchacha y le pregunta – ¿Por Dios? ¿Qué te paso en el rostro? – Nada…, tuve una  caída,  tropecé y me lastimé en la madrugada – No te creo, Dolores – ¿Cuéntame? le dice Facundo – ¡Es verdad!…,  Responde Dolores.

Facundo testigo involuntario, no creyó.

Pero el destino inquieto  acelero la jugada, como si fuese una bolilla en la ruleta que caía en un número impar, quizás el tres…, dos… un hombre y una mujer…, de pronto sale de la cocina gritando e insultando a Dolores, ese hombre desagradable, insensible…, tres…, se acerca rápidamente a Dolores y sin preocuparle en lo absoluto la presencia del pasajero, le tira un golpe a Dolores que impacta de lleno en el rostro de la muchacha.

Facundo rápidamente en una acción voluntaria, toma al padrastro del brazo y le pone un golpe de lleno en el mentón, un segundo tardó en caer, se desplomó y quedó inconsciente.

Pasaron cuatro años

Buenos Aires, estación del metro…, Facundo sube al coche del metro. Había poca gente…, una mujer estaba sentada mirando hacia la puerta de entrada del coche…

Facundo aquel día en que el numero tres había caído, se llevo a Dolores a una institución para muchachas sin hogar en Comodoro Rivadavia-Chubut, también en la Patagonia. Ella se fue después de permanecer un par de años allí, se mudo  a Buenos Aires donde vivía una tía.

El metro comienza a rodar…, los dos se miran sorprendidos…, Facundo se acerca rápidamente, la saluda…,  la abraza fuerte y le dice: – ¡No lo puedo creer, estas aquí!  – ¡Sí…! – Pero no estoy sola en esta ciudad…

Estoy con Facundito…

Dolores  había quedado embarazada de su padrastro. Su vida había tomado un rumbo distinto…, tenía sueños y un hijo.

Facundo sigue por los caminos de la Patagonia, aunque a veces viaja a Buenos Aires…

El hombre perverso…, el número tres…, murió de cirrosis.

Cruz del Sur

19 Respuestas a “Tres Cerros, tres destinos…

  1. Facundo llego con la primavera, a un lugar inhospito, como la vida de la chica; estan bien las similitudes.
    A veces me pregunto cuanto estará ya marcado, y cuanto depende de los personajes, osea de nosotros en la vida, como en este relato. La presencia de Facundo fue fundamental para hacer los giros.
    Es bueno darse cuenta como giran los tres destinos, aunque los cerros seguirán en el mismo sitio.

    Abrazos y besos para ti.

    • Querida Mercedes, lamentablemente esta historia toca un tema actual. Tres Cerros existe y también a diario suceden cosas similares, por lo menos aquí, muchachas que sufren maltrato y abuso. Alguna vez alguien escribio:Algunos nacen con estrella y otros estrellados…, cuando viajas por lugares solitarios ten encuentras con estas historias y peores…, como las madres que venden a sus hijos…
      Que los Facundos sigan caminando…
      Abrazos para ti Abuela del Alma y para Don Rafa…
      C.

  2. Estas historias pasan aquí también, no son pocas las mujeres que sufren este tipo de maltrato machista. Cada día en el periódico te encuentras una víctima de este tipo de violencia.
    Que sigas caminando Cruz del Sur y recogiendo historias.
    Abrazos de parte de Rafael y uno muy fuerte de tu abuela.

  3. Un cuento sobre el azar y la miseria humana, muy a lo Victor Hugo, (perdona que cite a autores franceses, no es chauvinismo sino mejor conocimiento), miseria que salva Facundo y seguirá salvando Facundito.
    La foto me trae muchos recuerdos y ambienta muy bien el cuento.
    Un abrazo,

    • Anne, gracias por tu comparación del estilo. Me surgió el tema del azar mientras escribía. Tres Cerros, tres vidas…, numero 2 y 3 de la ruleta… Me agradan las historias con perfume francés…
      A veces los recuerdos empujan a los sueños…, lo digo por el paisaje…
      Abrazos para ti, es un gusto tener tus líneas aquí.
      C.

  4. Estas historias son más frecuentes de lo que imaginamos y siempre ha sido así, sobre en todo en pueblos, en pequeñas poblaciones. Hay muchas dolores por el mundo. Lo exótico de ésta es que tiene lugar en la Patagonia o al menos para mí que soy española.

    • Zambullida, tus letras siempre son bienvenidas… Este lugar existe un lugar en la nada, muchas veces anduve de paso por allí, lamentablemente estas historias superan a la ficción, es moneda corriente en todos lados…
      Un abrazo Zambu…
      C.

  5. Cruz del Sur, qué buen cuento!!! El título, la ruleta y al final Facundito que magicamente recoge los hilos de los tres personajes. Me gusta la trama y sobretodo ese preguntarse por el destino. Cuantas veces nos sucede que frente a nuestros ojos vemos esa ruleta girar y casi que adivinamos en que número va a caer, porque sentimos que somos parte de un engranaje en el que ya nada es azar.
    Un abrazo!!!

    • Me alegra que te guste, la mezcla de la ruleta con el destino…, la vida esa ruleta que gira…, en este cuento se dieron los números así…, la suerte y el destino jugaron una buena pasada…
      Ana un abrazo grande para ti amiga
      C.

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